Eran las tres de la mañana justo en el momento en el que sonó el teléfono.
Salí de un estado de vigilia del cual me sentía algo aturdido. No debí comer tan copiosamente antes de ir a dormir ya que sabía que después tendría problemas para conciliar el sueño.
A ciegas, desorientado busqué a oscuras, palpando con mi mano el teléfono que estaba sobre la mesilla de noche. Conseguí coger el móvil antes que la vibración lo tirara al suelo, lo abrí y pregunté con la voz ronca que detectaba que acaba de salir del sueño -¿Quién es?, no hubo respuesta.
Volví a preguntar -¿si?, no hubo respuesta. Apagué el móvil y me giré para volver a dormir o intentarlo.
Soñé que giraba en una especie de silla, y caía a través de un cristal que desaparecía al contacto con mi cuerpo. Aparecía en un jardín rodeado por un pequeño muro tapado por completo por la hiedra. Al final de lo que parecía ser el jardín había una pequeña figura, parecía un pequeño niño que jugaba con algo que tenía en las manos.
No era nada clara la visión, cuando me acercaba a donde estaba la figura, volvía a caer a través del cristal y me veía sentado en la silla girando y girando para volver a caer a través del cristal y aparecer en el jardín pero mucho más cerca de la figura.
Todo esto pasó varias veces, no se cuanto la verdad, porque la noción del tiempo en un sueño es prácticamente nula.
Me desperté en un estado de angustia, encendí como pude la luz, busqué mis zapatillas y me fui al baño. Estaba aturdido, -Quien me mandó a mi cenar tan tarde- , oriné y volvía a la cama, se me estaba levantando dolor de cabeza, -horror, no más dolores de cabeza por hoy-, así que fui a la cocina, preparé un vaso con agua y derramé los polvos del sobre de analgésicos dentro del vaso. Me bebí el vaso de una vez ya que el sabor era horrible. Tras todo esto, conseguí llegar a la cama y volví a acostarme, miré el reloj de la mesilla y ¡Dios! eran sólo las tres y media. Cuando me levanté pensé que había pasado una eternidad desde la última vez que sonó el teléfono y sólo había pasado media hora. Dejé el vaso en la mesilla de noche y apagué la luz, -haber si podemos dormir ahora, el analgésico tardará poco en hacer efecto, y espero no tener más sueños pesados- No pasó ni un minuto cuando volvió a sonar el teléfono móvil -¿Quién será ahora? Volví a cogerlo a tientas y con dificultad ya que en mi habitación cuando duermo la oscuridad es total ya que es la única manera que tengo para poder conciliar bien el sueño y dormir a pierna suelta. -¿Diga?- ………. -¿Si, quien es?-, empezaba a mosquearme, volví a preguntar con un tono de voz más firme –¿Quién es, oiga, diga? Directamente colgué. Pensé, -¡se acabó!- cogí el móvil y lo apagué. En ese momento sonó el teléfono fijo. -¡¿Es una broma, no puede ser, quien llama a las tres y media de la mañana?!- pensé –quizás haya pasado algo, en fin veamos-
Encendí la luz de la habitación y salí al salón. En el momento en el que fui a descolgar el teléfono, paró de sonar. –vaya…………, ya está bien-. Miré a través de la ventana, esto sonaba a broma de cámara oculta. No vi absolutamente nada, la calle vacía, el viento soplaba y movía los árboles. Una fina lluvia empezaba a caer y las gotas empezaban a golpear el cristal de una de los ventanales del salón de mi apartamento. Las hojas se arremolinaban y volaban en todas las direcciones, la lluvia aumentaba en fuerza y el viento hacia la lluvia más sonora cuando golpeaba contra el cristal. La diferencia de temperatura de la calle con la de la casa, (en la calle habría una temperatura de unos seis u ocho grados) hizo que el cristal del ventanal se empañara.
Pasé la mano sobre el cristal, la lluvia ahora caía copiosamente y la visibilidad era casi nula. Apenas se veía la calle, sólo podía ver las pequeñas luces de edificios y farolas difuminadas por las gotas de lluvia como si se tratasen de manchas de pinturas en un cuadro.
En ese momento, mi vista pasó de estar relajada y no estar fija en ningún sitio pasó a fijarse sin darse cuenta en un punto que llamó mi atención. Frente mía, en un callejón, entre dos casas, había una pequeña figura, la imagen me era borrosa, parecía un niño, estaba de espaldas a mi. Llevaba un pantalón corto oscuro, del cual parece que salían dos tirantes que volteaban su espalda por encima de una camiseta blanca con pequeñas rayas horizontales de diferentes colores. La imagen era muy borrosa, ahora llovía más que nunca, el dolor de cabeza que empezaba a remitir, volvía a mi cabeza en forma de latidos. Noté como el pulso se me aceleraba, me acerqué más al vidrio, un golpe terrible sobre el cristal de una rama que se quebró por la fuerza del viento me hizo dar un salto hacia atrás. Empecé a sentir un miedo irracional, la piel se me erizó, un sudor frió me caía por la frente y notaba como el corazón palpitaba tan fuerte que parecía que lo tuviese en mis manos. Volví a mirar y allí, estaba esa figura, de espaldas a mi, sin moverse, sin inmutarse por la lluvia y el viento, el pelo castaño mojado, la ropa mojada, - ¡Por Dios, con la que está cayendo!, abrí la ventana con bastante dificultad, debido al viento y a la lluvia que golpeaban fuertemente la ventana y le grité –chico, ¿qué haces ahí, vuelve a casa, donde están tus padres?- No recibí respuesta alguna, no se movió. Volví a gritar, pero nada de nada. Tendría que bajar a por él, no iba a dejar a un niño allí a la intemperie, y si lo hubiesen abandonado, o perdido, o secuestrado, que se yo. No podía permitir que ese niño quedara allí solo. Pensé en bajar, tapar a esa pobre criatura y llamar a la policía para que ellos arreglaran el asunto. En ese momento, la figura se movió y vi que cogía algo del suelo y di unos pasos hacia el final del pasillo. Me aproximé a la ventana, pero la lluvia, las hojas y las ramas del árbol próximo a mi apartamento me quitaban visión. En ese momento, sonó mi teléfono móvil.
Una corriente eléctrica me corrió desde los pies hasta la cabeza atravesándome toda la columna vertebral. Lo que sentía era autentico terror, el móvil seguía sonando –El móvil está apagado, es imposible, no puede sonar- No lo cogí, encendí todas las luces, encendí la televisión para acabar con ese silencio sepulcral, encendí el equipo de música. Quería ruido, eso me daría compañía. No quería el silencio eso era mas terrorífico que lo que había visto y oído. –En la televisión sólo estaban dando noticias, cine para adultos, y algún que otro canal de telecompra. Puse las noticias, necesitaba escuchar a personas hablando, no sentirme solo, eso me reconfortaría. Me senté un momento en el sofá a reflexionar, no me atrevía a entrar en mi habitación a por el móvil.
Me levanté, ya un poco más calmado y con más seguridad y volví a mirar por la ventana, la cabeza me latía y ahora cada vez era peor por la luz. No había nadie, ni rastro de la figura, o del niño o de lo que fuese aquello. En parte me tranquilizó, aunque la verdad es que estaba aterrado. Pensé -ahora, que ha desaparecido será cuando volverá a sonar el móvil o aparecerá a los pies de mi cama.-
A veces la mente juega muy malas pasadas y tras haberme tranquilizado, volví a ponerme nervioso. Pero intenté volver al raciocinio y pensé –quizás son paranoias mías producidas por el nuevo medicamento que me estoy tomando para la migrañas, ya me dijo el medico que era un analgésico muy fuerte y que incluso dependiendo de la persona podría sufrir alucinaciones.
En ese momento pegaron a la puerta, y me sobresalté, aterrado miré por la mirilla y vi que eran dos agentes de policía, la lluvia arreciaba un poco, pero los dos hombres, llevaban los abrigos y sobretodo la gorra y pantalones empapados. Les abrí la puerta, y me dijeron –Buenas noches, hemos recibido quejas de algunos vecinos porque tenía usted la televisión y la música muy alta.- -Lo siento- contesté – -No me di cuenta, estaba viendo una película en DVD y cuando terminó deje el DVD puesto, me fui a la cama y supongo que al apagarse el reproductor de DVD por el temporizador, directamente se pasa a los canales de televisión que supongo estaban mucho más altos que la película de DVD- -¿Y no oyó la televisión? –No, lo siento duermo con tapones en los oídos.-
-Espero que no vuelva a ocurrir, porque la próxima vez, no creo que los vecinos duden en ponerle una denuncia.- -Muchísimas gracias agentes, no volverá a pasar, buenas noches.- -Buenas noches.- Cerré la puerta, ya estaba más tranquilo y decidí dormir en el salón con la televisión de fondo. Prácticamente no vi nada, me puse una película, vi los canales de noticias, y poco más. Me levanté fui al cuarto, me atreví a coger el móvil, estaba apagado, lo encendí y todo normal, ninguna llamada perdida, nada de nada. Lo dejé encendido, me reí, me lo llevé al salón y lo puse sobre la mesa. Fui a la cocina y me preparé un par de sándwiches para comer algo. Después de todo lo sucedido había perdido por completo el sueño, mientras me estaba preparando los sándwiches, vi por la ventana de la cocina el rellano de la escalera de la puerta. En ella había un cartera que se le había caído a alguien. Salí de la cocina, abrí la puerta principal y cogí la cartera. Pertenecía a uno de los dos policías que habían estado un par de horas antes allí por el tema del ruido y los vecinos. Abrí la cartera, había una tarjeta de embarque de un vuelo cuya fecha era para esta misma madrugada a las seis de la mañana. Pensé en llamar a la comisaría al día siguiente, pero le haría una faena al policía si no le devolvía la cartera ya perdería el vuelo. Además no tenía nada de sueño así que busqué en la guía el número de teléfono de la comisaría y llamé desde el fijo de casa , en un principio iba a llamar desde el móvil, pero no me atreví, no fuera que…..
Descolgué el teléfono y llamé…………una llamada, dos llamadas, tres llamadas, cuatro llamadas,………-¿si, comisaría de policía dígame? Hola mire le llamo del 343 de Arlington Road, es que parece que a uno de sus agentes cuando vinieron hace un par de horas a mi casa se le cayó una cartera en el rellano de la puerta y por lo visto la necesita para hoy mismo- -un momento, espere por favor- en ese momento cogí un trozo de sándwiches de pavo que tenía sobre el plato de la mesa del salón y me lo llevé a la boca de manera distendida mientras me acercaba a la ventana durante el tiempo que aguardaba a la señorita del teléfono. En ese momento empezó a llover con intensidad y mi sándwich cayó al suelo, volví a ver a esa figura angelical o diabólica con ese pantaloncito corto y esos tirantes frente a mí, entre las dos casas al final del estrecho pasillo que daba a un pequeño jardín. Mi pelo se fue erizando y volví a ver que cogía algo del suelo, el sudor frío comenzó a resbalar por la frente, el corazón se me iba a salir por la boca, descargas eléctricas hacían que mis extremidades temblaran y que casi no fuera capaz de mantener firme el teléfono junto al oído.
De repente una voz a través del teléfono me dijo – ¿Oiga?, ¿Señor?, no conseguía oír estaba a punto de desmayarme, no sé lo que vi, aquel ser diabólico, -se volvió, no conseguí verle la cara, sólo vi algo parecido a un rostro, negro sin forma, sólo se veían dos ojos rojos, quizás fue un delirio mío, no lo sé, en el teléfono la mujer seguía hablando -¿Oiga, sigue usted ahí, oiga? En ese momento, me giré y justo antes de que se me cayera el teléfono escuché un sonido metálico parecido a una onda radio:
ssssshhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhsssssssssssshhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh……….tengo frío………..sssssssssshhhhhhhhhhhhh…………ayu…ssss ssss……da……….me….sssssssssssssshhhhhh.
En ese momento caí en la más profundas de las pesadillas y me desvanecí en un sueño profundo del cual me desperté a la mañana siguiente, con una resaca horrible, tirado en el sofá del salón. En el suelo había dos botellas de Jack Daniel´s, una de la cuales estaba vacía y la otra estaba por la mitad. Todo estaba por medio, el sándwich en el suelo, el móvil estaba apagado, el teléfono fijo estaba roto y tirado en el suelo. Agradecí a Dios que fuera de día y recé para que no llegara nunca la noche. ¿Todo fue una pesadilla?
Salí a la calle a recoger la correspondencia, en ese momento vi algo en el suelo en el lugar donde había visto o me había parecido ver la noche anterior. Me acerqué y vi que era una cartera semienterrada en el jardín de la casa de enfrente. Era la misma cartera que la del policía. La cogí del suelo cuando de repente cayó de su interior una foto de un niño precioso con un pequeño pantaloncito corto y unos tirantes y una camiseta a rayas. En ese momento sentí un hálito de muerte que dejó todas mis fibras paralizadas. La visión que vino después fue aún peor que esto, y sentí directamente como el terror invadía todo mi cuerpo. En el lugar que estaba la cartera asomaban parte de unas negras uñas que correspondían a los pequeños dedos del niño de los Wisconsin que estaba enterrado bajo el jardín común que había frente a mi casa.
Días después el policía que estuvo la noche anterior en mi casa, fue detenido en un aeropuerto cuando estaba a punto de coger un vuelo
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